Hoy, en la plaza de San Pedro de Roma, se ha celebrado la beatificación del papa Juan Pablo II, un papa que ha pasado a la historia. A Roma han llegado fieles de todas partes del mundo, en particular de Polonia, patria natal de Karol Wojtyla; una multitud de más de 1 millón de personas ha llenado esta mañana la plaza de San Pedro y las calles de la capital.
De Juan Pablo Segundo hay muchísimas cosas que recordar y, entre ellas, destacan su inclinación por el deporte y su amor por la naturaleza.
A diferencia de sus predecesores, Wojtyla siempre puso de relieve la belleza de la naturaleza, una belleza casi mística, según cuentan quienes lo acompañaban a la Montaña. Precisamente la Montaña era uno de sus lugares preferidos: no solo acudía a ella en las vacaciones de verano, sino durante todo el año, para encontrar descanso y esa calma que solo las montañas saben ofrecer.
Los guías de montaña que lo acompañaban en sus salidas recuerdan cómo sabía apreciar la belleza de cada flor, de cada paisaje que ofrecía la montaña. A menudo hablaba a la propia vegetación como si estuviera viva.

Un papa que no solo educó en el respeto por la naturaleza y el medio ambiente, sino que enseñó a todos la importancia del deporte y, en particular, de los deportes de montaña, «esquí, senderismo y escalada«, enviando un mensaje fuerte y claro con la práctica de estos deportes en primera persona.
Una unión entre deporte y montaña que, a lo largo de los años, lo unió aún más a todos los aficionados, que en multitud de ocasiones han recordado sus hazañas con conmemoraciones en su nombre en las más diversas localidades de montaña de todo el mundo.
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