
Símbolo de libertad fuera de los moldes convencionales, el freeride ha transformado para siempre el universo de los deportes de invierno revolucionando disciplinas como el esquí y el snowboard. Más que un deporte, es un movimiento; más que un estilo, es toda una filosofía de alcance global que cobra vida en grandes citas internacionales donde se celebra una nueva forma de sentir y vivir la alta montaña. El pasado 7 de enero, sobre las nieves canadienses de Revelstoke, arrancó oficialmente la gran aventura del Swatch Freeride World Tour by The North Face, el máximo escaparate mundial de la especialidad.
El circuito, compuesto por seis etapas alrededor del planeta, recalará los días 18, 19 y 20 de enero en Courmayeur, la única estación de Italia que tiene el honor de albergar una prueba de este calibre reuniendo a los mejores especialistas del mundo en el incomparable escenario de Courmayeur Mont Blanc Funivie.
El freeride no es una simple moda pasajera, sino que conjuga a la perfección dos aspiraciones en pleno auge tanto en el deporte invernal como en el entorno del Mont Blanc: la búsqueda de adrenalina y libertad, y la necesidad de entrar en contacto directo y profundo con la naturaleza salvaje.
El Swatch Freeride World Tour de 2013 marca además la primera edición plenamente unificada a escala mundial, puesto que el nuevo circuito reúne por primera vez a los mejores riders procedentes tanto del Freeride World Tour como del Freeskiing World Tour y de The North Face Masters of Snowboarding. De este modo, las dos grandes escuelas históricas del freeride, la norteamericana y la europea, confluyen por fin en un único gran campeonato mundial.
Competición tras competición, los criterios de puntuación de los jueces también han evolucionado hasta consolidar el sistema actual. Las valoraciones tienen en cuenta las condiciones de la nieve y la exposición de la cara elegida, factores determinantes en toda bajada de alta montaña. Son cinco los parámetros que evalúan el desempeño de cada participante y deciden la victoria: la dificultad técnica de la línea elegida, el control de los esquís o la tabla, la fluidez y velocidad del descenso, los saltos y recepciones, y las eventuales caídas o pérdidas de equilibrio. Tal es la exigencia del terreno que incluso las paradas o recepciones forzadas se analizan al detalle para distinguir entre una maniobra táctica de control ante un peligro y un error de ejecución.
La seguridad constituye una prioridad absoluta, razón por la cual tanto la organización como los fabricantes de esquís, tablas y equipamiento de rescate trabajan constantemente en la investigación de nuevos materiales y protocolos capaces de responder a los estándares más exigentes.



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